Iª Travesía Integral en Piragua de la Costa de Granada'02
Por Lisardo Domingo y José María Sabio

Datos de Interés
Travesía en piragua biplaza llevada a cabo durante los días 16 y 17 de julio de 2002.
Total de horas de paleo de la primera etapa: 6 h. 07'.
Total de horas de paleo de la segunda etapa: 4 h. 55'.
Recorrido total: 65 km. Aproximadamente.
Primera etapa: Huarea - La Rábita (4 Km.). La Rábita - Melicena (6'3 Km.). Melicena - Castell de Ferro (11`7 Km.). Castell de Ferro - Torrenueva (13'1 Km.) Total: 35 Km.
Segunda etapa: Torrenueva - Salobreña (10 Km.). Salobreña - Herradura (14'8 Km.). Puntal de la Herradura (4'3 Km.). Total: 30 Km.

© Antonio Castro 2002
CEIP Gran Capitá
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Cuaderno de a bordo

Primera Etapa

Martes 16-07-02
A las 7'15 h. de la mañana nos encontramos en Albuñol con la piragua en el coche para dirigirnos hacia el límite con la provincia de Almería. A las 7'50 h. llegamos a la playa de Levante de Huarea y allí descargamos la embarcación, para inmediatamente iniciar la travesía con la mar totalmente en calma.

Tras un inicio lento, para calentar nuestros "preocupados" músculos, marcamos un paleo constante e intenso. A los pocos minutos cruzamos la desembocadura de la rambla de Huarea y la playa del Pozuelo. El día es espléndido, encontrándonos con algunos barquillos que inician su pesca matinal. La siguiente población costera en aparecer es La Rábita, allí despedimos desde la canoa a nuestras mujeres, que esperaban nuestro paso desayunando placenteramente en uno de los chiringuitos, y seguimos nuestra ruta hasta atravesar las calas y playa nudista "del Ruso". Nuestro rumbo está ahora puesto en el primer cabo importante, el de "Punta Negra". Desde este "balcón hacia el interior" divisamos una de las tres sierras que escudan la Costa Tropical Granadina, la Contraviesa, la cual notamos que empieza a cambiar, los almendros y las viñas que la forraban tiempos atrás empiezan a perder atractivo paisajístico por los plásticos de invernaderos que cada vez más parasitan la naturaleza de dicha Sierra: ¿merece la pena esto?, ¿será soportable para el medio natural esta desestructuración del suelo?.

Mientras tanto, seguimos remando, ya hemos dejado atrás el "Peñón de San Patricio" y al pasar Melicena paramos a desayunar y desentumecer las articulaciones en la playa. Son las 9'40 h., la mañana sigue espléndida y el piquislabis nos sienta de maravilla, no debemos seguir relajándonos, y a las 10'20 h. reiniciamos nuestra andadura.

El mar sigue sólo, no nos encontramos a nada ni a nadie, y todavía las costas están limpias de bañistas. Empieza a escasear el agua mineral, y decidimos bajarnos uno de nosotros en una de las calas de La Mamola para repostar tan esencial elemento. Tomamos rumbo hacia Castell de Ferro, de esta manera evitamos el amplio golfo que va desde Castillo de Baños a Castell, cuya costa y hasta bastante altitud aparece plagada de grandes invernaderos. A las 12'24 h. llegamos a la población anteriormente mencionada y desembarcamos, debemos descansar, vaciar de agua la canoa y darnos una ducha con agua dulce.

Después de realizar un grupo de estiramientos intentamos introducir la canoa en el mar, pero cuál es nuestra sorpresa al apreciar que en cuestión de minutos el Mare Nostrum ha cambiado su apacibilidad por la bravura, nos cuesta trabajo entrar en la embarcación, pero, con apuros, lo conseguimos, y a las 13 h. comenzamos a remar de nuevo. La marea se convierte en marejada de levante, esto nos complica la situación ya que debemos ir muy cerca de la costa para evitar riesgos de hundimiento, pero la
zona que estamos atravesando, llamada "Punta del Melonar", está compuesta por cortados rocosos espectaculares que nos recuerdan a la tenebrosa costa Cantábrica, y que producen un efecto de choque de la ola que revierte en nosotros.  La canoa se mueve en todas direcciones, siendo difícil de controlar y equilibrar su rumbo. En esta delicada situación observamos cerca de una de las cuevas marinas de los acantilados una embarcación Zodiac vacía. Pensamos que puede ser una "patera" de inmigrantes abandonada, ya que otra opción deportiva parece inviable. Decidimos acercarnos a ella, el oleaje la llevan hacia los riscos, pero al llegar vemos que aparece el arriesgado submarinista que estaba pescando. Seguimos nuestro camino.
A las 13'35 h. llegamos a una de las calas más paradisíacas que veremos en toda la ruta, "La Rijana". Allí volvemos a desembarcar y a prepararnos para pasar relajados las horas más fuertes del día de calor sofocante. Dejamos la piragua preparada, limpia y sin agua en su interior. Nos acercamos al chiringuito para refrescarnos a almorzar, encontrándonos en el mismo a dos señores que nos observan con interés, piensan que hemos bajado de un pequeño yate que se encuentra varado a unos cien metros de la playa, pero al comentarles nuestra aventura el rostro se les torna algo incrédulo y de sorpresa.
Una vez repuestos montamos con las toallas y los remos un "chambao" para "echar la siesta" sin deshidratarnos. No llegamos a dormirnos, e sol es intenso y penetra nuestro chozo por todos lados. Esto nos hace decidirnos a salir antes de lo previsto, ya que el mar sigue con fuerza, no cambia y nosotros tenemos mucho camino por recorrer.

A las 16'45 h. volvemos a poner en marcha nuestro motor, una vez que salimos de la cala el mar vuelve a zarandearnos, la situación es tensa ya que nos volvemos a encontrar entre acantilados, hasta que por fin pasamos por la más que cuidada playa de Calahonda.
La panorámica que disfrutan nuestros ojos es digna de ser descrita, a babor y mar adentro aparece inmóvil durante varias horas un gigantesco barco mercante, como si esperara nuestra zozobra para engullirnos; a estribor localizamos otra de las sierras que guiarán nuestro camino, la sierra de Lújar, la cual, ¡todavía! mantiene intacto un bosque de pinos, encinas y alcornoques que le da a nuestro viaje un ambiente más virgen y natural. Y por último, nosotros seguimos inmersos en una marejada que no nos deja disfrutar con todos nuestros sentidos de este hermoso paisaje.

Ya hemos dejado atrás la amplísima playa de Carchuna, acercándonos paulatinamente al cabo de "Sacratif", de
nuevo surgen las rocas y acantilados, las imágenes son excepcionales, las olas rompencontra las piedras y vuelven hacia nosotros, nos vemos inmersos en olas de dos y tres metros de altura, algunas de ellas salpican y entran en la bañera de la piragua. La situación empieza a ser muy delicada.

Ninguno de los dos comentamos nada, aunque interiormente notamos la extrema tensión, la remada es muy intensa, las olas entran por la popa, nos levantan y nos lanzan perdiendo continuamente el rumbo marcado. Estamos obsesionados en atravesar cuanto antes este peligroso cabo. A lo lejos, en la costa, observamos la playa nudista de "La Hoya", y al fondo por la proa empiezan a surgir los primeros espigones de Torrenueva.
Seguimos remando con fuerza, en nuestro camino se cruzan un gran banco de barracudas, que simulan una anaconda en el agua superficial, y por fin bordeamos con un excesivo cuidado el espigón que nos conducirá a una delas playas de Torrenueva. De repente el mar se calma por los efectos del espigón y desembarcamos en dicha playa: ¡el susto y el temor por fin habían pasado!

Eran las 18'23 h., nos tumbamos un rato en la abarrotada playa, posteriormente decidimos desplazarnos con la canoa hacia el último espigón buscando estar lo más cerca posible al día siguiente de nuestro objetivo final.

Allí nos establecimos, nadamos un rato, nos duchamos y por fin cenamos. A partir de las 21 h. el mar se calma, la noche se hace majestuosa, la luna está en cuarto creciente y el cielo estrellado. Montamos nuestro pequeño campamento situando la piragua perpendicular al mar, a unos 25 m. del agua, un saco a cada lado y nosotros deseando descansar... Nos dormimos con la vista siempre agradable de los fuegos artificiales de las fiestas de la Virgen del Carmen que en estos días se celebran en esta población.

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